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Viaje antes que destino


Ocurre muchas veces, cuando te pones a planificar una novela de fantasía empiezas con una idea en mente perfectamente clara, será solo una novela, nada de complicar el mundo o la trama y encontrarte escribiendo libro tras libro, momento en el que a tu Musa le da la risa floja, porque por más que lo intentes las cosas no funcionan así, de pronto descubres que en una escena importante surge un personaje que no debería tener más transcendencia, solo tenía que aparecer, soltar sus frases, provocar o explicar los acontecimientos y desaparecer, algo equivalente al “noble número tres” de las obras de teatro, y cuando le ves en escena te das cuenta de que tiene más relevancia de la que pensaste y que requiere una trama propia porque, si no, la historia no se entiende. No creáis que solo les ocurre a los noveles, “Canción de hielo y fuego” iba a ser una trilogía. Ya lo decía Tolkien: “una historia crece a medida que se cuenta”.
Al único que no le ocurre es a Brandon Sanderson, el directamente planifica “El archivo de las Tormentas” una decalogía, con más de mil páginas por libro y se queda tan tranquilo. Precisamente del primer libro de esa magna obra, “El camino de los reyes” quiero hablaros hoy.
La primera apreciación es evidente, tenemos por delante diez o doce mil páginas para desarrollar la trama, el mundo, los personajes… así que no hay ninguna prisa. En “El camino de los reyes” todo ese desarrollo avanza con lentitud, mucha lentitud, de hecho, tras el preludio, que no puedes relacionar con nada de lo que ocurre después, y el prólogo, que provoca una sensación de urgencia efímera, pasan cientos de páginas antes de que ocurra nada relevante, al menos en apariencia, porque, aunque no nos demos cuenta, Sanderson está suministrando información de forma constante, pero hábilmente dosificada de manera que solo de forma retrospectiva eres capaz de comprender todas las conexiones e implicaciones.
Y es mucha la información que tiene para suministrar pues una vez más nos presenta un mundo peculiar, diferente, pero dotado de coherencia interna, a partir de una climatología particular, unas tormentas terribles que se producen de forma más o menos regular y que siempre soplan de este a oeste, Sanderson desarrolla no sólo una orografía y una flora y fauna particulares, sino también sociedades que se han adaptado a esas tormentas o, como en el caso de los shin, a su ausencia. Incluso la magia, innovadora y profundamente lógica, como suele ser habitual en Sanderson, esta estrechamente relacionada con las tormentas.
El autor nos muestra este complejo mundo a través de las tramas de tres personajes de estratos sociales diferentes, con problemas y percepciones notablemente distintas, una diferencia que se nota incluso la atmosfera de sus capítulos. Tres personajes que, al menos en apariencia, se relacionan solo tangencialmente, pero dotados de gran personalidad y coherentes en sus actos y motivaciones y que ayudan a comprender el mundo, más o menos.
En suma, una novela excelente, muy recomendable, aunque, insisto, no conviene olvidar que son diez novelas de más de mil páginas, no todos los lectores tienen el tiempo, el interés o la paciencia para enfrentarse a una obra de estas dimensiones, eso sí, quienes lo hagan no se decepcionarán.

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