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Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre

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Todos hemos visto, ya sea en persona o en medios de comunicación, a gente que realiza acciones o reivindicaciones desde detrás de una máscara de Guy Fawkes, ya sabéis esa máscara con el rostro de un hombre, de color blanco, con coloretes dignos de Heidi, bigote y perilla sacados de un cuadro de Velázquez, y sonrisa psicótica, la llevan lo de Anonymous, los de los CDR, los policías que reclaman la equiparación salarial, etc. Esa máscara vale para todo, causas dignas e indignas, democráticas y totalitarias, las que buscan que se respeten o reconozcan derechos y las que buscan privar a otros de sus derechos,… pero ¿por qué la imagen de un católico que en el siglo XVII trató de volar el parlamento de Westminster (con el Rey Jacobo dentro) y que durante siglos fue objeto de escarnio por parte del pueblo inglés que lo quemaba en efigie cada cinco de noviembre entre grandes fiestas y fuegos artificiales se ha convertido de repente en un símbolo internacionalmente reconocido de la lucha contra el poder establecido?
La respuesta, obviamente, es el cómic que hoy reseño “V de vendetta” de Alan Moore, aunque más probablemente sea la película de 2005, basada en el cómic, protagonizada por Hugo Weaving y Natalie Portman. Muchos conocían el cómic antes de ver la película, algunos lo descubrimos tras verla (lo siento mucho, Sr. Moore), esta reseña es para aquellos que aun no han dado el salto, que todavía no han descubierto, un cómic que es incluso más profundo, serio, vitriólico y, sí, esperanzado que la película.
Hablamos, qué duda cabe, de un auténtico clásico, una obra escrita y publicada en los años ochenta, que presenta un (entonces) futuro distópico donde la democracia británica ha sido sustituida por una dictadura de partido único. Mientras seguimos las andanzas de V que, obviamente, quiere derribar el gobierno, Moore nos guía en una reflexión con varios niveles simultáneos, por un lado tenemos la parte más evidente, la lucha de V contra la opresión, fuertemente influenciada por el anarquismo del autor (la reflexión del personaje sobre el Ordnung, el orden que surge de la destrucción el sistema actual, demuestra no solo sus conocimientos sobre la teoría anarquista sino el que, a mi entender, es el fallo fundamental de la misma), pero no se queda ahí, también reflexiona sobre el ejercicio del poder basado en la construcción de un enemigo y el señalamiento del diferente como forma de cimentar y proteger el orden social, sobre la adaptación del individuo a un régimen dictatorial, no sólo conformándose sino siguiendo órdenes crueles e inmorales sin resistirse a ellas y autojustificándose (algo sobre lo que tan bien reflexiono Hannah Arendt). Igualmente reflexiona sobre la influencia de las pulsiones humanas, especialmente la ambición y la lujuria, en el comportamiento humano, no sólo las cosas que estamos dispuestos a hacer para satisfacerlas, sino las cosas que estamos dispuestos a justificar y tolerar en nosotros y en otros.
Es, en suma, una obra con varios niveles de lectura, que fundamentalmente ha envejecido bien (ya me vale hablar de envejecimiento refiriéndome a algo de la misma década que yo), aunque hay algunos momentos que chirrían un poco, como la visión un tanto mística de las drogas o la relación del Líder con Destino, así mismo cuenta con un dibujo potente y de innegable calidad, aunque en ocasiones cuesta identificar a algunos personajes. Una obra, en fin, muy recomendable, que nos recuerda que la democracia y la libertad que damos por hechas son construcciones débiles que pueden desaparecer en cualquier momento, casi sin darnos cuenta, que nos recuerda la importancia del individuo, de lo que nos hace únicos, o de lo contrario, como dice Valerie, ya no habrá rosas para nadie.

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