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¿Pero los pecados no eran malos?

Estoy seguro de que hubo una época en el manga (y en la literatura en general) en la que si tenías un grupo denominado “caballeros sagrados” y otro llamado “pecados capitales” era fácil adivinar quienes eran los buenos, supongo que eran tiempos más sencillos, ahora cuando en una obra te presentan la realidad con esas coordenadas puedes estar seguro de que nada es lo que parece.
Y eso es lo que tenemos en la obra de Nakaba Suzuki “The Seven Deadly Sins” nos presentan un mundo (una Britannia preartúrica) donde el orden es defendido por los Caballeros Sagrados quienes están obsesionados con capturar a los Pecados Capitales, siete caballeros que diez años antes se alzaron contra el reino y fueron derrotados viéndose obligados a huir. Bastan treinta páginas para que ese planteamiento se vaya a hacer gárgaras y empieces a descubrir la realidad tras la historia oficial.
En realidad, es perfectamente lógico, desde el momento en que tienes un grupo de vigilantes, de defensores de la ley y el orden que no rinden cuentas a nadie es cuestión de tiempo, poco, que decidan que ellos podrían gobernar mejor y se hagan con todos los resortes del poder, un golpe de estado en toda regla (Quis custodiet ipsos custodes que escribió Juvenal allá por los siglos I o II de nuestra era). Y claro, una vez que tienes el poder controlas la información, el relato como dicen los tertulianos ahora (o como decía Orwell “Quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado controla el futuro”).
Pero que nadie se llame a engaño, que la premisa original sea lógica, e incluso un tanto deprimente, no quita para que nos encontremos ante un manga ingenioso, descarado, divertido y, por momentos, hilarante. Un humor que se evidencia, sobre todo, en los personajes principales, que, si bien son, obviamente, arquetípicos, están planteados con inteligencia permitiendo que se establezca una conexión rápida con el lector.
Así tenemos a Meliodas, bondadoso, leal, valiente y más salido que los balcones (en serio basta media docena de páginas para ver que es un pervertido de la peor calaña, Muten Roshi era célibe en comparación. Elisabeth es arrojada, responsable, en apariencia inocente (aunque a veces tengo dudas, en serio, no me creo que sea tan inocente, de verdad) y tiene una gran fuerza de espíritu, aunque no es consciente de ello. Hawk, el cerdo parlante, es el único sensato, una especie de Sancho Panza, vale, Sancho Panceta, que no pierde de vista la realidad, y siempre piensa en los efectos que los acontecimientos tienen en la gente.
En resumen, es un manga con un dibujo de estilo clásico cuidado y detallista (tanto en las escenas cotidianas como en los combates, la representación es clara y permite apreciar los detalles), cuya historia es interesante, bien estructurada y con las dosis adecuadas de misterio y, sobre todo, muy divertido.

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