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Literatura fantástica

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Cualquier aficionado a la literatura fantástica sabe que, durante muchos años, décadas de hecho, el género atravesó una profunda crisis creativa, la influencia de Tolkien, tan innegable como lógica, así como la aversión al riesgo propia de los editores llevó a que prácticamente todas las novelas que se publicaron entre los setenta y principios de los noventa fuesen casi copias, no solo de “El Señor de los anillos” sino entre sí, la mayoría partían de una acumulación de clichés a la que se añadía un par de detalles originales para evitar que el lector se confundiese de saga, pero claro muchos años publicando básicamente la misma novela hizo que el género se volviese aún más de nicho, porque, siendo honestos, salvo que fueses un experto en identificar esos matices y sacarles todo el jugo, lo que se publicaba era, en muchos casos (no todos, por supuesto), simplemente aburrido.
Afortunadamente, en los noventa la cosa empezó a cambiar, algunos autores intentaron revitalizar el género algunos como Robert Jordan dotando de mayor profundidad tanto al worldbuilding como a la obra en sí, otros como George R. R. Martin (a ver si este año ya…) cambiando la temática haciéndola más adulta, más dura, más “realista”, un aggiornamento del género realmente fructífero y que, afortunadamente, todavía continua hoy en día. Precisamente la obra que recomiendo hoy “El último deseo” es un afortunado intento de renovar el género de la fantasía épica, además del inicio de una de las sagas más rompedoras publicadas en Europa. Andrezj Sapkowski, el autor, combina de manera muy ingeniosa distintos géneros con la propia fantasía desde los cuentos de hadas a la mitología eslava y hasta el western, logrando un libro original, divertido y ágil.
Una excelente introducción a un mundo realista, elaborado, complejo y, sobre todo, lógico, a través de una sucesión de seis relatos breves en los cuales Geralt cuenta antiguas “cacerías” enlazados por unos brevísimos capítulos en los que se presentan los acontecimientos actuales, y que nos muestra el estado del mundo y del propio brujo y que sirven para presentar a personajes que tendrán mucha relevancia en futuros libros mientras que los relatos principales están basados en cuentos populares como “La Bella y la Bestia” o “Blanca Nieves” pasados por el implacable tamiz de la lógica más descarnada lo cual les dota de un encanto particular, al mismo tiempo que sirven al autor para mostrarnos un reflejo de nosotros mismos, de nuestras actitudes y nuestros miedos.
Geralt de Rivia es, además. un personaje magnífico, bien construido, con una adecuada combinación de cinismo y empatía, capaz de preocuparse por un ser que todos califican como un monstruo (incluido el propio monstruo) y al mismo tiempo con una visión tan acerada como exacta de la humanidad y las motivaciones que mueven a la gente, así como la facilidad con la que racionalizamos cualquier comportamiento, incluso el más abyecto y cruel (por ejemplo, la discusión sobre la existencia o no de un mal menor”). Planteamientos que además se van desvelando a través de unos diálogos vibrantes y repletos de ingenio.
Sin duda un libro muy recomendable, aunque a muchos lectores puede no convencerles la ausencia de una trama que unifique todos los relatos, pero, aun así, es una excelente puerta de entrada a una magnífica saga, cínica, dura, pero con sentido del humor y, en muchas ocasiones, con los sentimientos a flor de piel. Además, creo que haber leído los primeros libros de la saga es requisito imprescindible para entender con facilidad la primera temporada de la serie (yo solo lo dejo caer).

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