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La primera norma del mago

A lo largo de las recomendaciones y reseñas que he compartido desde esta columna he mencionado varias veces el “viaje del héroe” (el monomito que según Joseph Campbell subyace en todas las historias, mitos y leyendas creadas por la humanidad) como base evidente y hasta cierto punto sobreexplotada de la literatura fantástica, y, alguna que otra vez he señalado que a lo largo de los últimos años ha surgido una corriente que pretende revitalizar el género y, para ello, va mucho más allá de los límites, archiconocidos, que “impone” esa estructura, sin embargo, esto no debe llevarnos, en ningún caso, a asumir que una obra que se ajusta a ese esquema va a ser, por fuerza, poco original o de baja calidad, ya que, si bien es cierto que la combinación del “viaje del héroe” con la influencia de Tolkien y de los juegos de rol tipo “Dungeons & Dragons” evitó a muchos autores hacer un esfuerzo por construir un mundo o una historia originales, el mero hecho de que una novela se ciña a ese esquema no tiene por qué restarle, per se, ni un ápice de calidad o de originalidad y para prueba “El libro de las sombras contadas”, primer volumen de la saga de “La espada de la verdad” de Terry Goodkind.
A priori la historia no puede ser más típica: un joven, Richard Cypher, se enfrenta a un acontecimiento extraordinario, su encuentro con Kahlan Amnell que está siendo perseguida por una cuadrilla de soldados, y, tras rescatarla acude en busca de ayuda y consejo a su viejo mentor, Zedd, quien le encamina hacia el cumplimiento de su destino. Todo muy normal, típico, incluso predecible.
Sin embargo, como digo, eso no tiene por qué restarle calidad ni tampoco, aunque pueda resultar sorprendente, originalidad. La calidad está en el propio texto, una historia bien narrada con acontecimientos interesantes, personajes carismáticos, descripciones bien medidas y adecuadamente sugestivas, y planteada a través de un enfoque innovador.
Y, otra cosa no, pero en ese aspecto Goodkind innova a base de bien, ya que, a diferencia de lo que suele ser habitual, carga todo el peso de la trama en la responsabilidad individual, no se trata de que la sociedad sea o deje de ser perfecta sino de lo que haces con tu parte, puedes conformarte, puedes culpar a otros (la más común) o puedes tratar de mejorar tu pequeña parcela sin preocuparte de lo que opinen o hagan los demás. Un planteamiento que supone una enorme diferencia con respecto al habitual del género, que suele combinar el colectivismo con los líderes mesiánicos, y que es fruto de los posicionamientos filosóficos del autor, que se identifica con el objetivismo de Ayn Rand.
En resumen, se trata de una obra entretenida, bien escrita, con tensión constante, emocionante y con ritmo pero que al mismo tiempo es profunda e invita a la reflexión, una obra excelente, que merece varias lecturas y que logra sorprender a pesar de seguir, al pie de la letra, el “viaje del héroe”.

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