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La importancia de conocer el nombre de las cosas

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Hace unos días leí en las redes sociales una noticia que realmente me sorprendió, después de años de silencio, después de casi año y medio desde que su editora dijo que no había recibido ni una sola línea de la novela que cierra la trilogía que empezó con “El nombre del viento”, Patrick Rothfuss anunciaba que tenía novedades. ¡Paren las rotativas! Por suerte servidor se había leído los tres primeros libros de “Canción de Hielo y Fuego” cuando no había nada más publicado, cuando la adaptación televisiva no era ni siquiera un rumor así que estoy acostumbrado a las falsas esperanzas, a las decepciones y a tener que esperar a que los autores que me entusiasman acaben sus sagas, así que podemos decir que mis expectativas eran bastante modestas, y menos mal, porque lo que dijo y nada…
Sin embargo, a pesar de la leve decepción, a pesar de que seguimos sin saber cuándo se publicará el cierre de la trilogía que llevamos diez años esperando no he podido evitar venirme arriba, albergar esperanzas de que el libro se publicará en un futuro cercano (relativamente, digamos este siglo) y por lo tanto creo que conviene recomendar “El nombre del viento” a quienes todavía no lo hayan leído. Probablemente no queden muchos aficionados al género sin leerla ya que fue una de las novelas que más impacto tuvieron en su momento dentro del microcosmos de los lectores de fantasía épica, pero por si acaso.
Vaya por delante que ese impacto no fue tanto porque fuese una propuesta increíblemente rompedora o una narración extraordinaria, probablemente la razón de ese éxito, del todo innegable, se debiese a una acertada combinación de elementos clásicos con planteamientos originales, sobre todo en lo que se refiere a la forma de plantear la historia, presentada por el propio protagonista como un recuerdo de juventud que comparte con su interlocutor.
Una forma de contar la historia que es al mismo tiempo fortaleza y debilidad. Tiene la ventaja de que facilita la identificación con el protagonista, al fin y al cabo, te está contado algo que le pasó a él mismo, con sus aciertos, sus errores y, sobre todo, sus emociones. La parte negativa radica en que, dado la situación en que se encuentra el protagonista tienes dos cosas claras, primero, que por complicadas que se pongan las cosas él sobrevive y, segundo, que en algún momento todo en su vida se fue al cuerno, y quieras que no eso mitiga e incluso impide dos de las emociones que más influyen en un lector: la intriga y la esperanza.
Se trata, por lo tanto, de una novela que para muchos se puede hacer muy difícil de leer, por su atípica estructura, pero al mismo tiempo es una novela que, en lo que a la trama se refiere no innova demasiado, lo que puede desanimar al colectivo de lectores más inclinado por la fantasía más moderna.
No obstante, es una novela que está bien narrada, los personajes, especialmente Kvothe (pronunciado Cuouz) están bien perfilados y resultan cercanos y creíbles, el mundo resulta interesante, aunque no demasiado innovador, y en más de una ocasión te asalta la sensación de que en los acontecimientos interviene la mano del destino, forma suave y no acusadora de referirse al deus ex machina. Patrick Rothfuss nos presenta una novela de corte clásico con ciertas innovaciones, que se deja leer y se disfruta, aunque probablemente no sea apta para lectores no acostumbrados a la fantasía y pueda decepcionar a los lectores más exigentes, aunque esto se soluciona bajando la novela de los altares, si haces eso, podrás disfrutar de una excelente novela.

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