fbpx

La especia debe fluir

0

A lo largo de estos últimos días he notado como se multiplicaba mi sensación de agobio con esto del confinamiento, las paredes de mi casa, las estanterías repletas de libros de mi biblioteca han dejado de ser una fuente de seguridad y confort y se han convertido en los muros de una celda, así que necesitaba una forma de salir de aquí, de alejarme de mi diaria rutina de cuarentena, y lo necesitaba de forma urgente.
Pero claro, no era plan de saltarse el confinamiento, así que decidí viajar lo más lejos posible de la única forma que estaba a mi alcance, con un libro, y llegué a un planeta lejano, todo él cubierto por un despiadado desierto y en el que reinan los salvajes gusanos de arena. Volví a Dune.
Puede que parezca una exageración, pero realmente estamos ante una de las mejores novelas de ciencia ficción de la historia, capaz de sumergirnos en una historia vibrante en la que se desenvuelven multitud de personajes, cada uno con sus motivaciones y su personalidad perfectamente construidas, y que interactúan en una pluralidad de tramas, muchas de ellas aparentemente secundarias, pero que configuran una imagen detallada y vibrante no solo del propio Dune sino de los demás planetas, sus sociedades y las organizaciones e instituciones que dominan, o aspiran a dominar ese universo, el Imperio, la CHOAM, la Bene Gesserit, la Cofradía Espacial,…
Toda esta complejidad es posible gracias al profundo conocimiento de economía, religión, política y ecología del que hace gala Frank Herbert y que se plasma tanto en el diseño y la evolución de la trama como en la propia construcción del mundo y cuya máxima representación es la Melange, la especia geriátrica, que alarga la vida, potencia las capacidades del cuerpo y, sobre todo, la mente y es altamente adictiva. Un valiosísimo producto, que sólo se da en Dune y del que depende no sólo la economía del Imperio sino su propia existencia ya que al ser la sustancia que permite los viajes espaciales, es la misma base de la supervivencia de la sociedad humana interplanetaria.
Este trasunto literario del petróleo (comparte alguna de sus características pero no alarga la vida, per se, ni potencia nuestras habilidades mentales produciendo presciencia, así que, por favor, no os echéis petróleo en el café) es también el eje sobre el que avanza la práctica totalidad de la trama, y la base para la mayoría de las reflexiones que se pueden hacer a la luz de esta fantástica novela, sin duda, un gran acierto por parte de Herbert. Como suelen decir los representantes de la Cofradía Espacial “la especia debe fluir”.
No como nosotros que debemos quedarnos en casa.

Share.

Leave A Reply