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La coherencia está sobrevalorada

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Confieso que hasta hoy no me había ocurrido, normalmente escribir estas recomendaciones es sencillo, la obra me gusta (en mayor o menor medida) así que lo único que tengo que hacer es hablar un poco sobre el trasfondo de la obra, su argumento principal o el mundo que nos presenta y señalar sus puntos fuertes y débiles desde el punto de vista de la trama o la técnica. Con Bobobo-bo Bo-bobo no sé ni por dónde empezar (y tengo la impresión de que falta un bo, debe ser por eso que todo el mundo la conoce como Bobobó).
Y, que no se me malinterprete, no es que la obra no me guste, todo lo contrario, me encantó cuando descubrí el anime, hace años, y me ha vuelto a fascinar cuando he podido leer el manga, el problema es otro, que esta obra no hay por dónde cogerla, no hay cómo resumirla, no hay forma de explicarla. Su esencia es el absurdo más puro.
Pero no un absurdo fruto del desinterés o la incompetencia, de no querer trabar las tramas, o no tomarse en serio la obra, no, Yoshio Sawai se enfrenta a la lógica con decisión, con la serenidad del guerrero ante el dragón, y para cuando han pasado un par de capítulos, la lógica se ha retirado a un rincón y se está planteando seriamente arrojar la toalla, y no me extraña, porque es evidente que no tiene ninguna posibilidad.
A ver, estamos hablando de una obra en la que el protagonista se enfrenta a los cazadores de pelo de Bola de Billar IV luchando con los pelos de su nariz, acompañado por una especie de bola con pinchos, un primo naranja de Sonic, llamado Don Patch, que entre otras cosas aspira a ser la protagonista femenina, motivo por el que se pelea con Beauty que es la única que tiene algo de sentido común no solo en ese grupo, sino parece que en todo el mundo, ella es nuestros ojos y nos representa a la perfección cuando intenta aplicar la lógica a los acontecimientos y combates que presencia… y fracasa. Añadamos al grupo a una gelatina poco apetecible, un individuo con una cabeza de forma sospechosa, o un chaval que parece serio, pero aspira a ser como Bobobó y ataca usando sus ventosidades.
Ese es el nivel de esta obra quizá no muy bien dibujada pero divertida hasta la carcajada, repleta de guiños descarados a otros mangas/animes como Dragon Ball o Captain Tsubasa (“Campeones: Oliver y Benji” para quienes, como yo, hace algún tiempo que acabamos el instituto) una obra descarada, violenta y por momentos bestia, que siempre te deja deseando saber lo que ocurrirá en la siguiente viñeta porque, sinceramente, no hay forma de adivinarlo.

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