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Intercambio equivalente

A lo largo de la historia la idea de que para obtener algo de valor, como el conocimiento, había que sacrificar algo igualmente valioso ha constituido la base de numerosos sistemas de creencias, por ejemplo, Odín sacrificó su ojo izquierdo en la fuente de Mimir para obtener el conocimiento incluso del futuro (por eso sabe todo lo que va a ocurrir en el Ragnarök) y estuvo colgado de las ramas de Yggdrasil durante nueve días y nueve noches con una lanza atravesándole el costado para obtener el conocimiento de las runas.Precisamente este planteamiento está en la base del manga que comento hoy “Full Metal Alchemist”, no sólo como principio básico de la alquimia, para obtener a tienes que ofrecer una cantidad equivalente de b, sino que, en un sentido más profundo, es la base de toda la aventura de los hermanos Elric quienes violaron uno de los tabúes más importantes de la alquimia al intentar devolver la vida a su madre y pagaron un precio por ello: el cuerpo de Alphonse y la pierna de Edward a cambio de la trasmutación fallida y el brazo de este último a cambio de poder mantener el alma de Alphonse en este mundo, enlazada a una armadura.Este concepto, pues, del “intercambio equivalente” permea toda la obra y la dota de una profundidad y coherencia reseñable, tanto los héroes como los villanos de la historia se saben limitados por ello y cuando alguno decide ignorarlo sencillamente hay consecuencias.Sin embargo, no debemos llamarnos a engaño, aunque de lo dicho anteriormente pueda deducirse que se trata de una obra densa, seria e incluso dramática y, si bien es cierto que no faltan momentos realmente duros, también lo es que, desde el primer momento y a lo largo de todos los capítulos nos encontramos con numerosos momentos cómicos que aligeran la obra. Hiromu Arakawa logra un difícil equilibrio entre la comedia y la tragedia, entre la sátira y la denuncia, que facilita la lectura y el disfrute del manga sin que, en ningún momento, se produzca un desajuste en el paso de uno a otro que rompa la inmersión o la suspensión de la incredulidad. Una gran narración en la que no sobra ni falta nada.Por último resaltar el magnífico dibujo de Arakawa, claro, cuidado y potente, que permite que nos sumerjamos en Amestris, su cultura similar a la Europa industrial (con elementos de ciencia ficción como los automails) o su estructura socio política militarista, que nos identifiquemos y vivamos como propias las aventuras y desventuras de todos los personajes, y que nos sintamos concernidos por el desarrollo de los acontecimientos y lo que eso significa para el mundo.

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