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Está claro que yo no sobreviviría al apocalipsis zombie

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A lo largo de las últimas décadas, desde las películas de George A. Romero, nos han contado cientos de historias sobre zombies a través de cualquier medio imaginable: series, películas, libros, cómics, videojuegos… hay historias para todos los gustos, pero prácticamente todas tienen algo en común, normalmente están centradas en la supervivencia de un grupo más o menos grande de individuos, ya estén huyendo o atrapados en un centro comercial, un castillo o un spa, siempre son ellos solos contra el mundo.
Sin embargo, Max Brooks nos presenta una historia completamente diferente, a través de entrevistas a los supervivientes de la guerra zombie que arrasó el planeta unos años antes nos muestra los primeros casos, el Gran Pánico, los planes para sobrevivir tanto de individuos y comunidades como de países enteros, y el contraataque, la situación tras la guerra etc.
Pero lo más importante es, no solo que cada personaje tiene una historia diferente que contar, sino que cada uno tiene una voz propia, un lenguaje personal, unas vivencias únicas. Aunque la guerra afectó a todo el mundo no vivió lo mismo un israelí que un palestino, un soldado ruso que un soldado americano, un civil que un burócrata, un general que un sacerdote, cada uno tiene un punto de vista distinto, tiene sus propios recuerdos, cada uno tuvo que tomar sus propias decisiones morales, siempre difíciles, no siempre acertadas, unos se sacrificaron por los demás, otros hicieron un gran esfuerzo pero pensando en sí mismos, el bien ajeno fue una consecuencia no prevista, unos se comportaron como seres rastreros, otros incluso perdieron su humanidad.
Entrevista tras entrevista, presentadas con un lenguaje natural y perfectamente eficaz, vamos sumergiéndonos en una época terriblemente oscura, un momento en el que la humanidad estuvo a punto de ser barrida de manera definitiva de la faz de la tierra; vemos a los gobiernos fallar, a las sociedades desmoronarse, a los ejércitos fracasar estrepitosamente.
Pero vemos también como la gente se une en su desesperación, vemos como hay gente dispuesta a sacrificarse, vemos como la gente aprende y recupera poco a poco la esperanza. Cada uno de esos testigos de excepción nos deja una lección o nos muestra una faceta de nosotros mismos que no conocemos, o que no admitimos, nos pone ante nuestra debilidad como individuos, pero también ante nuestra fortaleza, ante nuestra mezquindad y ante nuestra generosidad, ante nuestra miseria y nuestra grandeza de espíritu.
Brooks nos muestra un futuro distópico, uno que todos damos por hecho que es imposible, pero nos deja establecer nuestros propios paralelismos con el mundo real, nos cuestiona sin intentarlo y nos regala un leve poso de esperanza.
Es, en cualquier caso, una novela excelente, dotada de un realismo exquisito a pesar de la temática, con personajes realistas y creíbles presentados a través de sus propias palabras de una forma muy inteligente (en ese sentido me ha recordado a “Drácula” de Bram Stoker) y es, además, una novela entretenida. No se puede pedir más.

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