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El Campamento Mestizo es como Hogwarts, un sitio al que no me han invitado.

A lo largo de décadas la crítica y la academia han considerado el género fantástico como menor en comparación con otros, si, además, se trataba de una obra con éxito, es decir, popular, el desprecio era aún mayor, porque ¿qué puede saber el populacho sobre literatura? Sin embargo, esa evidente repulsa no afecta a toda la fantasía por igual, por ejemplo, se siente cierto respeto displicente por los cuentos infantiles, a los que consideran un género menor, pero con un cierto valor educativo, en cambio hay una categoría que, a ojos de los sabios, convierte básicamente en basura todo cuanto toca, y si se combina con el género fantástico es aún peor, exacto, la literatura juvenil.
Porque como podría ser buena una obra literaria dedicada a un público compuesto por “víctimas de la LOGSE” o equivalentes, una novela que no es difícil (o imposible) de comprender, que no tiene un lenguaje alambicado, frases que ocupan media página, o figuras literarias extraordinariamente complejas. Una novela que basta con leer para entenderla y no necesita un comentarista que te la explique.
Precisamente a este tipo de novelas pertenece la que os traigo hoy, “Percy Jackson y el ladrón del Rayo” una novela de aventuras, que sigue al pie de la letra “el viaje del héroe” y que se centra en el crecimiento personal del protagonista.
Pero que también es más que eso, es una novela interesante, es divertida (a ratos hilarante) es ingeniosa, con una forma muy hábil de combinar el mundo real con los mitos griegos, con una sólida coherencia interna, que entretiene, educa y, sobre todo, nunca aburre.
Una novela que los jóvenes (me refiero a los oficiales, no a los de espíritu) disfrutarán, al tiempo que les introduce en el mundo de la mitología clásica, tan interesante como fundamental en la construcción de la cultura occidental, y que les animará a seguir leyendo.
Pero lo mejor es que lo mismo vale para los que ya no entramos en la categoría de jóvenes adultos (los que hace algunos años que terminamos el instituto) para nosotros también es una novela divertida, emocionante, y con la que aprenderemos cosas nuevas.
Soy consciente de que, normalmente, para los adultos, este tipo de novelas suelen incluirse en la categoría de placer culpable, porque, es inevitable, cuando alguien te ve leer novelas juveniles (o fantásticas, o cómics, o…) es muy probable que recibas una cierta dosis de desprecio, pero qué se le va a hacer, esa no es razón para dejar de hacer lo que te gusta y, porque ¡qué narices!, ellos se lo pierden.

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