fbpx

Contra las sutiles energías de la magia, fuerza bruta.

El mundo de la fantasía tiene sus reglas, no me refiero a las peculiaridades que definen cada universo creado para una obra del género, sea literaria, audiovisual o un videojuego, no, me refiero a grandes reglas que permean todos y cada uno de los mundos alguna vez desarrollados. Por ejemplo, la magia no es ilimitada, o necesitas objetos raros, o aprender hechizos que después de usarlos olvidas, o tienes que estar en un sitio concreto, o consumes algún tipo de energía mística que se regenera lentamente (o si tienes prisa consumiendo botellitas de líquido azul) …
Otra de las normas fundamentales tiene que ver con el equilibrio de fuerzas entre los magos y los guerreros, estos últimos son mucho más fuertes, pero contra un mago van a perder a menos que: a) tengan un objeto mágico que les proteja b) tengan un plan elaborado que normalmente fracasa y hay que adaptar sobre la marcha c) tengan un mago aliado que les eche una mano o d) tengan un medio de neutralizar la magia. Puede que sea lógica pura o simplemente que la mayoría de los autores nos identificamos con los magos y tenemos cuentas pendientes con los guerreros, pero la fuerza bruta nunca jamás puede con la magia.
Está claro que Hajime Komoto no es de la misma opinión, y en su opera prima “Mashle” se dedica a dejar meridianamente claro que un puñetazo a tiempo soluciona muchos problemas. Así nos presenta un mundo abierta, descarada y maravillosamente inspirado en el de “Harry Potter” donde la magia es una constante, todas las personas tienen poder mágico y dicho poder es la base para una estricta estratificación social. Obviamente en un mundo así antes o después tiene que nacer alguien sin magia (como vimos recientemente en “Black Clover” o, por citar una conocida saga de fantasía “La espada de Joram” de Weis y Hickman) y ese es el caso de Mash Burnedead que vive escondido con su abuelo en el bosque entrenando su físico hasta niveles absurdos y que es descubierto debido a su adicción a los profiteroles de crema, viéndose obligado a asistir, extorsionado por un policía corrupto, a la escuela de magia más elitista del mundo con el fin de convertirse en un “visionario divino”.
Confieso que durante el primer capítulo me costó un poco conectar con la historia, Mash me parecía un personaje en exceso simple y la motivación para mandarle a “Hogwarts” me pareció floja y forzada, no obstante, desde el momento en el que empieza el examen de acceso y se hace más evidente el repugnante clasismo de ese mundo y lo que implica la existencia de Mash, la sensación comenzó a cambiar, entre otras cosas porque, esa simplicidad un poco exagerada del principio se va matizando (que no reduciendo) al expresarse como indiferencia por lo que le dicen los demás, por las normas, o las expectativas ajenas y porque, sobre todo, el punto que, a priori, parecía más débil, sustituir la magia por la fuerza física sin que los demás lo descubran, es resuelto por el autor de forma brillante y sobre todo muy divertida.
Porque esa es la clave de Mashle (más allá de la evidente crítica tanto a la sociedad de nuestro mundo como al trasfondo clasista/supremacista que, probablemente de forma inconsciente, destila “Harry Potter”) que todo está resuelto con un hilarante sentido del humor, los combates, los diálogos, los conflictos, todo, con un tempo cómico perfectamente medido, potenciado además por un dibujo simple pero muy eficaz que refuerza los mensajes sin distraer ni confundir. Sin duda alguna una magnífica opera prima.

Leave A Reply

info@estudiario.es Copyright ® 2019- Estudiario.es - Todos los derechos reservados.