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América no es tierra para dioses

Muchos probablemente conozcan “American Gods”, la novela que hoy comento gracias a la adaptación de Amazon, una adaptación notable, aunque irregular (especialmente desde que Media ya no es interpretada por Gillian Anderson y a pesar de los esfuerzos de Ian McShane) y que regresa en estas fechas, sin embargo, siguiendo lo que casi parece una ley científica, el libro es mejor. Así, Neil Gaiman, nos presenta una novela que, si bien puede que no encaje en los esquemas habituales del género fantástico, porque transcurre en nuestro mundo y, más o menos, en nuestro tiempo, lo que evidentemente impone una serie de límites a la narración, sin embargo, el hecho de que los dioses, tengan un papel activo, y fundamental, en el desarrollo de la trama, permite que se la incluya en el género sin mayor problema (de hecho el género se llama baja fantasía y el nombre no me gusta por razones obvias).
No es, por lo tanto, una novela del género al uso, lo que ha permitido que se convierta, para muchos, en una obra de culto, pero para otros resulta un hándicap insuperable probablemente porque es difícil suspender la incredulidad cuando vas por una interestatal a la altura de Wisconsin, y eso es imprescindible para disfrutar cualquier novela, pero más una de fantasía.
“American Gods” nos cuenta la historia de Sombra (Shadow) Moon, un hombre que está a punto de salir de la cárcel, por buen comportamiento, que cree que va a poder retornar a su vida anterior, con su esposa y sus amigos, sin embargo un par de días antes recibe la noticia de que su mujer y su mejor amigo (quien le había prometido trabajo) acaban de morir en un accidente de coche, con su vida derrumbándose recibe una oferta de trabajo un tanto vaga del señor Wednesday, una oferta que le llevará a recorrer el país conociendo a individuos muy extraños y a verse implicado en un conflicto entre los dioses antiguos y los nuevos.
Sólo con eso la novela ya sería una pequeña joya gracias a las innegables dotes de narrador de Gaiman, sin embargo, es mucho más, es un viaje por los Estados Unidos y su pasado, un país que se ha construido gracias a la llegada de gente de otros lugares (no siempre voluntariamente) que han ido aportando su propia idiosincrasia, algo que en la novela se refleja en la presencia de panteones propios de todas las latitudes, pero que también se ha adaptado y desarrollado su propia personalidad, que se expresa en la dicotomía evidente de un país que parece preparado para echarse a la carretera, siempre dispuesto a trasladarse de un punto a otro en busca de una vida mejor, y al mismo tiempo con un profundo sentido de la comunidad, unido a un extraordinario orgullo por sus peculiaridades y sus logros. El autor nos muestra una visión profunda del país, pero alejada de los estereotipos no exenta de crítica, más allá de las soflamas habituales a las que ya estamos acostumbrados. Gaiman escribe desde el respeto, pero también desde la sorpresa que siente alguien como él, que no es americano, al profundizar en la vida de aquel país.
Pero sobre todo la novela habla de la relación entre los humanos y los dioses, como somos nosotros los que les creamos y no al revés, como son un reflejo de aquello que nosotros consideramos importante, tamizado por la visión que tenemos de nosotros mismos, de nuestras virtudes y defectos, características que acaban formando parte de la propia divinidad. Y, sobre todo, de la necesidad que tenemos de crear, inconscientemente, dioses nuevos que sustituyan a los que ya no nos sirven para comprender el mundo que nos rodea.

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